Sí es cierto que su paso por Europa podría haber sido más glorioso, ya que no ha saboreado ningún título en el Barça ni en el Villarreal. Sin embargo, ha escrito su nombre en la historia del submarino amarillo. Ese maldito penalti en las semifinales de la Champions frente al Arsenal significó un punto de inflexión. Y, mientras sus minutos con la camiseta de los de La Plana iban siendo cada vez más escasos, su aparición con la albiceleste se hacía más importante gracias a un oasis, a unos meses de gloria en su corto regreso a Boca Juniors.
Después llegó la Copa América, justo después de guiar a los xeneixes hacia lo más alto de la Libertadores. Brilló. Pero, como había sucedido un año atrás en Europa, se quedó a las puertas de la gloria. Brasil empleó la misma táctica que el Arsenal. Si en la semifinal europea fue Gilberto Silva quien no dio ni un centímetro de respiro al argentino, Mineiro se encargó de pararle a base de patadas en Venezuela.
Y, tras un irregular paso por Europa, Riquelme se despide. Regresa allá donde le quieren de verdad. No sin polémica después de un largo culebrón. Su última cita pasa por donde siempre: en la Bombonera.